Pero, ¿quién daba la orden para que toda esa maquinaria se pusiera en marcha? Dentro de la cabeza de Tilito vivía un señor muy serio y listo al que todos le tenían mucho respeto: El señor del sombrero gris. Su trabajo era agotador porque se pasaba todo el día organizando y dando órdenes a los grupos de trabajo para que Tilito pudiera hacer todo aquello que llevaba a cabo sin darse cuenta. Cuando amanecía, El señor del sombrero gris llamaba a Neurata, Neureta y Neurita para dar sus primeras órdenes: —Neurata, busca a tus amigas de cola roja y diles que Tilito quiere que sus ojos vean, se ha despertado —decía El señor del sombrero gris a Neurata, que salía corriendo a buscar y tocar a una amiga con cola roja. Entonces, Neurata buscaba y tocaba a otra amiga con cola roja hasta llegar a la última, que tocaba al ojo y le decía: —¡Levanta el párpado, que Tilito se ha despertado! Después, El señor del sombrero gris ordenaba a Neureta:
Celestina: Y aún peor: que la otra muerde sin hinchar y la tuya hincha por nueve meses. Pármeno: ¡Hi, hi, hi! (Finch p 36) Esta cita se occure en el primer capítulo, cuando Celestina y Pármeno están hablando en privado fuera de la casa de Calisto. Celestina, Calisto ha visitado por primera vez y está hablando a Pármeno sobre "amor impervio", así como mostrar la facilidad con que se excita sexualmente. Esta es una de las primeras escenas explícitas de la novela. La primera mención del amor viene con Calisto encuentra con Melibea por primera vez. Aquí habla palabras encantadoras que no ofender a mucha gente. Sin embargo, en la cita es la primera descripción del amor por Celestina, y es muy erótico y sexual. "Punta de la barriga" y "se turbe con la dulzura del soberano deleite, 2
Las seis o siete horas siguientes estuvieron colmadas de serenidad y energía espiritual trascendente. Minette ya no sufría, aunque su respiración era trabajosa. Conversamos sobre su transición al estado intermedio, la luz intensa y la presencia espiritual. Ella repasó su vida, casi siempre en silencio, esforzándose por aceptar las partes negativas. Parecía saber que no podía entregarse mientras no hubiera completado ese proceso. Esperaba un momento muy concreto para morir, en las primeras horas de la mañana, y aguardaba ese momento con impaciencia. Minette fue la primera persona que guié de ese modo hacia la muerte y a través de ella. Se sintió fortalecida, y la experiencia alivió nuestro dolor. Descubrí que mi capacidad de curar a mis pacientes se había acrecentado notablemente, no sólo con respecto a las fobias y ansiedades, sino sobre todo cuando se requería asesoramiento sobre la muerte y el morir o sobre el dolor de los allegados