Brian Weiss - Muchas Vidas Muchos Maestros
pared cardíaca quedó irreparablemente dañada; falleció tres días después. Eso ocurrió
unos nueve meses antes de que Catherine se presentara a la primera sesión.
Mi padre había sido un hombre religioso, más ritualista que espiritual. Avrom, su
nombre hebreo, le sentaba mejor que Alvin, el inglés. Cuatro meses después de su
muerte nació Amy, nuestra hija, a la que dimos su nombre.
Y ahora, en 1982, en mi tranquilo consultorio en penumbra, una ensordecedora
cascada de verdades ocultas, secretas, caía en torrentes sobre mí. Nadaba en un mar
espiritual y me encantaba esa agua. Se me puso piel de gallina en los brazos. Catherine
no podía conocer esa información en modo alguno. Ni siquiera tenía manera de
averiguarla. El nombre hebreo de mi padre, el hecho de que un hijo mío hubiera muerto
en la primera infancia con un defecto cardíaco que sólo se presenta una vez de diez
millones, mis dudas sobre la medicina, la muerte de mi padre y la elección del nombre