EL HERMANO DE PINOCHO
desde hace quince.
Mi vida habría discurrido por otros derroteros si aquel
cuatro de abril, día en que nació Ariadna, el camaleón que
dormía en mi cuerpo no hubiera despertado.
En todo este tiempo he aprendido que no debo vivir contra
la esclerosis sino junto a ella.
De entre toda la rabia, desazón, llanto y dolor que me ha
supuesto su presencia le debo dar las gracias por la
capacidad narrativa y de expresión que me otorga.
Deseo que la lectura de esta historia sirva para que padres
e hijos aprendan a conocerla y entenderla mejor.