Brian Weiss - Muchas Vidas Muchos Maestros
su padre y la saqué del trance.
No recordaba nada, salvo sus encarnaciones como Christian y la pequeña
Catherine. Se sentía cansada, pero también apacible y relajada, como si se le
hubiera quitado un peso enorme. Mi mirada se cruzó con la de Carole. Nosotros
también estábamos exhaustos. Habíamos estado temblando, sudorosos,
pendientes de cada palabra. Acabábamos de compartir una experiencia increíble.
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Empecé a fijar las sesiones semanales de Catherine a última hora del día, puesto
que siempre duraban varias horas. Cuando volvió, a la semana siguiente, aún
tenía el mismo aspecto apacible. Había llamado por teléfono a su padre. Sin darle
detalle alguno, lo había perdonado, a su modo. Yo nunca la había visto tan
serena. Me maravillaba la rapidez de su progreso. Es raro que un paciente con
ansiedades y miedos tan crónicos y arraigados mejore de manera tan
espectacular