Brian Weiss - Muchas Vidas Muchos Maestros
con todos sus avances y su tecnología, no hubiera podido salvar a mi hijo, ese simple y
pequeño bebé.
En cuanto a mi padre, había gozado de excelente salud hasta sufrir un fuerte ataque
cardíaco en 1979, a la edad de sesenta y un años. Sobrevivió al ataque inicial, pero la
pared cardíaca quedó irreparablemente dañada; falleció tres días después. Eso ocurrió
unos nueve meses antes de que Catherine se presentara a la primera sesión.
Mi padre había sido un hombre religioso, más ritualista que espiritual. Avrom, su
nombre hebreo, le sentaba mejor que Alvin, el inglés. Cuatro meses después de su
muerte nació Amy, nuestra hija, a la que dimos su nombre.
Y ahora, en 1982, en mi tranquilo consultorio en penumbra, una ensordecedora
cascada de verdades ocultas, secretas, caía en torrentes sobre mí. Nadaba en un mar
espiritual y me encantaba esa agua. Se me puso piel de gallina en los brazos. Catherine
no podía conocer esa información en modo alguno. Ni siquiera tenía manera de