Soy Ester Solà Melgosa, balaguerina (Balaguer, Lleida) de cuarenta y cinco años y afectada de esclerosis múltiple desde hace quince. Mi vida habría discurrido por otros derroteros si aquel cuatro de abril, día en que nació Ariadna, el camaleón que dormía en mi cuerpo no hubiera despertado. En todo este tiempo he aprendido que no debo vivir contra la esclerosis sino junto a ella. De entre toda la rabia, desazón, llanto y dolor que me ha supuesto su presencia le debo dar las gracias por la capacidad narrativa y de expresión que me otorga. Deseo que la lectura de esta historia sirva para que padres e hijos aprendan a conocerla y entenderla mejor.
Es muy bello. Estamos presenciando algo... La gente lleva máscaras muy curiosas, que le cubren la cara. Es alguna festividad. Visten largas túnicas y se cubren la cara con máscaras. Fingen ser lo que no son. Están en una plataforma... por encima de nuestros asientos. --¿Estás presenciando una obra de teatro? --Sí. --¿Cómo eres? Mírate. --Tengo el pelo castaño. Lo llevo trenzado. 55 Hizo una pausa. Su descripción de sí misma y la presencia de los olivos me recordaron esa vida de tipo griego, mil quinientos años antes de Cristo, en que yo había sido Diógenes, su maestro. Decidí investigar. --¿Conoces la fecha? --No. --¿Te acompaña alguien que tú conozcas? --Sí. Mi esposo está sentado junto a mí. No lo conozco (en su vida actual). --¿Tienes hijos? --Estoy encinta. --La elección del vocabulario era interesante, algo anticuado y en nada parecido al estilo consciente de Catherine. --¿Está tu padre ahí? --No lo veo