hallaba al lado de Pinocho. Se dirigió al muñeco y le dijo: —Pinocho, en esta historia no vas a ser tú el protagonista sino Tilito, tu hermano, al que voy a dar vida. Giró su cuerpo hacia el bloque de madera de tilo que estaba delante, se acercó y lo tocó suavemente con la varita. Una larga hilera de estrellitas brillantes salió del palito mágico y se introdujo en el trozo de tilo. La habitación oscureció y, de repente, el bloque empezó a moverse: se alargó, le salieron dos piernas con sus pies, dos brazos con sus manos y una cabeza. Cuando finalizó la transformación, Mielina miró a Tilito y dijo: —Te falta algo. Le dio un nuevo golpecito y en la cabeza aparecieron ojos, nariz, orejas, boca y pelo. El muñeco empezó a moverse, a mirar y a caminar. Se detuvo frente a Mielina y le preguntó: —¿Quién eres? —Soy tu hada Mielina. —¿Y yo quién soy, qué hago aquí?—preguntó. —Eres Tilito, hermano de Pinocho, ese muñeco de madera,
Le indiqué que se tendiera en el diván, con los ojos entrecerrados y la cabeza apoyada en una almohadita. Al principio nos concentramos en su respiración. Con cada exhalación liberaba tensiones y ansiedad acumuladas. Al cabo de varios minutos, le dije que visualizara sus músculos relajándose progresivamente: desde los de la cara y la 10 mandíbula, pasando por los del cuello, los hombros, los brazos, la espalda y el estómago, hasta los de las piernas. Ella sentía que todo su cuerpo se hundía más y más en el diván. Luego le di instrucciones de visualizar una intensa luz blanca en lo alto de su cabeza, dentro de su cuerpo. Más adelante, después de haber hecho que la luz se extendiera poco a poco por su cuerpo, la luminosidad relajó por completo todos los músculos, todos los nervios, todos los órganos, el cuerpo entero, llevándola a un estado de relajación y paz cada vez más profundo. Gradualmente sentía más sueño, más paz,