Neurata, Neureta y Neurita para dar sus primeras órdenes: —Neurata, busca a tus amigas de cola roja y diles que Tilito quiere que sus ojos vean, se ha despertado —decía El señor del sombrero gris a Neurata, que salía corriendo a buscar y tocar a una amiga con cola roja. Entonces, Neurata buscaba y tocaba a otra amiga con cola roja hasta llegar a la última, que tocaba al ojo y le decía: —¡Levanta el párpado, que Tilito se ha despertado! Después, El señor del sombrero gris ordenaba a Neureta: —Neureta, busca a tus amigas de cola azul y diles que Tilito quiere que sus brazos y manos se muevan, quiere desayunar. Y Neureta salía corriendo a buscar y tocar a una amiga con cola azul; ésta a su vez buscaba y tocaba a otra, así hasta llegar a la última, que tocaba el brazo y la mano y les decía: —¡Moveos, que Tilito quiere desayunar! El señor del sombrero gris seguía organizando el trabajo de todos de manera incansable:
y se ata por atrás. --Tu casa ¿está cerca? --Es una casa grande --respondió la niña. --¿Es ahí donde vives? --Sí. --Bien. Ahora puedes mirar dentro de la casa; es correcto. Se trata de un día importante. Habrá gente bien vestida, con ropa especial. --Están preparando comida, muchísima comida. --¿La hueles? --Sí. Están haciendo una especie de pan. Pan... carne... Nos dicen que volvamos a salir. Eso me divirtió. Yo le había dicho que podía entrar sin problemas y alguien le ordenaba que volviera a salir. --¿Te llaman por tu nombre? --Mandy... Mandy y Edward. --¿Edward es el niño? --Sí. --¿Y no os dejan entrar en la casa? --No. Están muy ocupados. --¿Y qué pensáis al respecto? --No nos importa. Pero lo difícil es no ensuciarse. No podemos hacer nada. --¿Vas a la boda? ¿Más tarde? --Sí... veo a mucha gente. El salón está atestado. Hace calor, mucho calor. Allí hay un párroco; ha venido el párroco... con un sombrero raro... grande... negro. Le