EL HERMANO DE PINOCHO
Cuando se
esconda el sol, a dormir—respondió Mielina.
Chasqueó los dedos y desapareció. La luz que alumbraba a
Tilito se apagó y el muñeco se quedó a oscuras. Cerró los
ojos para descansar y esperar a que se hiciera de día.
Mientras dormía, un batallón de pequeñas vidas empezaba
a organizarse en el interior de su cuerpo para el día que
tenía que llegar.
Estaban capitaneadas por tres duendecillos que hacían que
todo funcionara bien: Neurata, Neureta y Neurita.
Neurata era la mayor y la que se encargaba de que Tilito
pudiera ver al abrir los ojos.
Neureta era la más responsable y procuraba que las manos
del muñeco se movieran con agilidad con el objetivo de que
si tocaban un objeto fino, rugoso, caliente o frío, Tilito lo
supiera distinguir de manera fácil.
Neurita era la pequeña de las tres y la más juguetona. Su
labor consistía en hacer que los pies de su amito pudieran
andar, pasear, correr y saltar.