hallaba al lado de Pinocho. Se dirigió al muñeco y le dijo: —Pinocho, en esta historia no vas a ser tú el protagonista sino Tilito, tu hermano, al que voy a dar vida. Giró su cuerpo hacia el bloque de madera de tilo que estaba delante, se acercó y lo tocó suavemente con la varita. Una larga hilera de estrellitas brillantes salió del palito mágico y se introdujo en el trozo de tilo. La habitación oscureció y, de repente, el bloque empezó a moverse: se alargó, le salieron dos piernas con sus pies, dos brazos con sus manos y una cabeza. Cuando finalizó la transformación, Mielina miró a Tilito y dijo: —Te falta algo. Le dio un nuevo golpecito y en la cabeza aparecieron ojos, nariz, orejas, boca y pelo. El muñeco empezó a moverse, a mirar y a caminar. Se detuvo frente a Mielina y le preguntó: —¿Quién eres? —Soy tu hada Mielina. —¿Y yo quién soy, qué hago aquí?—preguntó.
--Se adelantó en el tiempo hasta el momento en que Christian estaba ya a bordo de su barco--. Huelo algo, algo que se quema. Es horrible. Madera quemada, pero también algo más. Hace escocer la nariz... Algo se incendia en la distancia, una especie de navío, un navío de vela. ¡Estamos cargando algo! Estamos cargando algo con pólvora. La agitación de Catherine era visible. 35 --Es algo que tiene pólvora, muy negra. Se pega a las manos. Hay que moverse deprisa. El barco lleva una bandera verde. Es una bandera oscura... Una bandera verde y amarilla. Tiene una especie de corona, con tres puntas. De pronto Catherine hizo una mueca de dolor. Sufría. --Ah --gruñó--, ¡cómo me duele la mano, cómo me duele la mano! Tengo algo de metal, metal caliente en la mano. ¡Me quema! ¡Ah, ah! Recordé el fragmento de su sueño y comprendí lo de la aleta roja clavada en la mano. Bloqueé el dolor, pero ella seguía gimiendo. --Los espigones son de metal