EL HERMANO DE PINOCHO
—¡Escle, hada mala! Tú tienes la culpa de todo.
¡Mielinaaaaaa! ¿Dónde estás? —chilló Tilito, mientras
lloraba amargamente.
—Estoy aquí, Tilito. Tranquilo, yo sé lo que te ocurre —dijo
Mielina, que apareció por sorpresa.
—¿Qué, qué me ocurre? —le preguntó, angustiado.
—Cuando Escle te tocó ayer, cortó algunas colas de las
amigas de Neurata, de Neureta y de Neurita. Por eso las
órdenes del señor del sombrero gris no llegan a la última
amiga de la cadena y eso hace que no puedas ver bien o
que tus manos no sientan lo que tocan o que, como te ha
sucedido, la rodilla se doble y te caigas —explicó Mielina.
—¿Y por qué me ha pasado a mí y no a Pinocho? ¿Esto es
para siempre?
—No lo sé, Tilito. Eso la única que lo sabe es Escle —
contestó apesadumbrada Mielina.— No te preocupes,
llegará un día en el que el hada mala se hará buena y solo
habrá un sol en el cielo.