EL HERMANO DE PINOCHO
cola amarilla; ésta buscaba y tocaba a otra amiga con cola
amarilla hasta llegar a la última, que tocaba a los pies de
Tilito y les decía:
—¡Venga, a correr, que Tilito se aburre y quiere ir a jugar
con Pinocho!
Así todos los días y por la noche, a descansar.
Llegó una mañana en la que el sol no apareció. Las nubes
tapaban el cielo, arremolinado en una ráfaga de viento que
abrió de golpe la habitación en la que Tilito y Pinocho
jugaban.
El estruendo provocó que los muñecos cerraran los ojos y
se taparan los oídos. Cuando el silencio volvió a reinar en la
habitación y los niños abrieron los ojos, lo que allí había era
una figura que les llenó de miedo y que hizo que se
abrazaran. Una mujer con corona plateada y vestido negro
se plantó delante de ellos y sonreía de una manera burlona.
En su mano derecha sostenía una delgada varita negra.
—Hola queridos niños, soy Escle, el hada misteriosa y