EL HERMANO DE PINOCHO
—¡Jajajaja!.
Los muñecos no entendían qué había pasado ni porqué, así
que continuaron jugando. Esa mañana tocaba jugar a
explicar historias fantásticas y misteriosas. Se miraron unos
segundos y se echaron a reír.
—Tilito, te toca empezar a ti —dijo Pinocho.
—¿No has tenido bastante con la historia misteriosa de
Escle? —respondió.
Se volvieron a mirar fijamente y rieron de nuevo.
Al día siguiente, el sol volvió a salir con energía y Pinocho
tocó a Tilito para despertarlo.
—Vamos Tilito, despierta. Tenemos que ir a desayunar y a
jugar.
—¡Ya vooooy! —respondió el niño, que esa mañana se
notaba raro. Cuando salió de la cama y se puso en pie, la
rodilla se dobló y cayó al suelo. Pinocho le ayudó a
levantarse y fueron los dos a desayunar.
—Pinocho, detente —dijo Tilito.
—¿Qué pasa? —preguntó Pinocho, intrigado.
—¿Hay dos soles en el cielo esta mañana? ¿Hay otro
Pinocho como tú a tu lado? —preguntó Tilito, asustado.