Brian Weiss - Muchas Vidas Muchos Maestros
sus progresos superaban la mera curación. Estaba radiante, llena de apacible
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energía. Atraía a la gente. Cuando desayunaba en la cafetería del hospital, tanto
hombres como mujeres corrían a reunirse con ella.
--¡Qué guapa estás! Sólo quería decirte eso --comentaban.
Ella, como un pescador, los enganchaba con un invisible sedal psíquico. Y
durante años enteros había comido en la misma cafetería sin llamar la atención.
Como de costumbre, se hundió pronto en el profundo trance hipnótico, en mi
consultorio en penumbra; mechones de su pelo caían sobre la familiar almohada
beige.
--Veo un edificio... está hecho de piedra. Y en lo más alto hay algo puntiagudo.
Es una zona muy montañosa. Hay mucha humedad... afuera hay mucha
humedad. Veo una carreta. Veo una carreta que pasa por... delante del edificio.
La carreta está llena de heno, paja o heno, algo para que coman los animales. Ahí
hay algunos hombres