Brian Weiss - Muchas Vidas Muchos Maestros
Recordó haber despertado
en su dormitorio, a oscuras, consciente de que su padre estaba en el cuarto. Él
apestaba a alcohol en aquel momento, y Catherine volvía a percibir ahora el mismo
olor. El padre la tocó y la frotó, incluso «ahí abajo». Ella, aterrorizada, comenzó a llorar;
entonces el padre le tapó la boca con una mano áspera, que no la dejaba respirar. En
mi consultorio, en mi diván, veinticinco años después, Catherine sollozaba.
Tuve la certeza de que ya contábamos con la información, que ya teníamos la clave de
lo que sucedía. Estaba seguro de que sus síntomas se aliviarían con enorme rapidez.
Le indiqué, suavemente, que la experiencia había terminado: ya no estaba en su
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dormitorio, sino descansando apaciblemente, aún en trance. Los sollozos cesaron. La
llevé hacia delante en el tiempo, hasta su edad actual. La desperté después de