EL HERMANO DE PINOCHO
Por ahora no quiero ser tu amiga Pinocho, tal vez más
adelante. —rió en voz baja, burlona, tapándose la boca con
la mano izquierda.
—Tilito, espero ser tu compañera misteriosa para siempre.
No me verás ni me oirás, pero estaré contigo —finalizó
tajante.
Tocó entonces la cabeza del niño de madera con la varita.
Una nubecilla oscura se introdujo en Tilito como lo hace el
humo de una hoguera cuando se apaga. Inmediatamente
después, Escle se esfumó profiriendo una sonora carcajada:
—¡Jajajaja!.
Los muñecos no entendían qué había pasado ni porqué, así
que continuaron jugando. Esa mañana tocaba jugar a
explicar historias fantásticas y misteriosas. Se miraron unos
segundos y se echaron a reír.
—Tilito, te toca empezar a ti —dijo Pinocho.
—¿No has tenido bastante con la historia misteriosa de
Escle? —respondió.
Se volvieron a mirar fijamente y rieron de nuevo.
Al día siguiente, el sol volvió a salir con energía y Pinocho