EL HERMANO DE PINOCHO
—Cuando Escle te tocó ayer, cortó algunas colas de las
amigas de Neurata, de Neureta y de Neurita. Por eso las
órdenes del señor del sombrero gris no llegan a la última
amiga de la cadena y eso hace que no puedas ver bien o
que tus manos no sientan lo que tocan o que, como te ha
sucedido, la rodilla se doble y te caigas —explicó Mielina.
—¿Y por qué me ha pasado a mí y no a Pinocho? ¿Esto es
para siempre?
—No lo sé, Tilito. Eso la única que lo sabe es Escle —
contestó apesadumbrada Mielina.— No te preocupes,
llegará un día en el que el hada mala se hará buena y solo
habrá un sol en el cielo.
Y chasqueando los dedos, desapareció.
FIN
NOTA DE LA AUTORA
Soy Ester Solà Melgosa, balaguerina (Balaguer, Lleida) de
cuarenta y cinco años y afectada de esclerosis múltiple
desde hace quince.
Mi vida habría discurrido por otros derroteros si aquel
cuatro de abril, día en que nació Ariadna, el camaleón que