EL HERMANO DE PINOCHO
rodilla se dobló y cayó al suelo. Pinocho le ayudó a
levantarse y fueron los dos a desayunar.
—Pinocho, detente —dijo Tilito.
—¿Qué pasa? —preguntó Pinocho, intrigado.
—¿Hay dos soles en el cielo esta mañana? ¿Hay otro
Pinocho como tú a tu lado? —preguntó Tilito, asustado.
—No, sólo hay un sol en el cielo y un Pinocho, que soy yo.
—¡Escle, hada mala! Tú tienes la culpa de todo.
¡Mielinaaaaaa! ¿Dónde estás? —chilló Tilito, mientras
lloraba amargamente.
—Estoy aquí, Tilito. Tranquilo, yo sé lo que te ocurre —dijo
Mielina, que apareció por sorpresa.
—¿Qué, qué me ocurre? —le preguntó, angustiado.
—Cuando Escle te tocó ayer, cortó algunas colas de las
amigas de Neurata, de Neureta y de Neurita. Por eso las
órdenes del señor del sombrero gris no llegan a la última
amiga de la cadena y eso hace que no puedas ver bien o
que tus manos no sientan lo que tocan o que, como te ha